viernes, 10 de mayo de 2013

¿desfachatez o alevosía*?



Creo que nos pasa a todos: a veces parece que alguien nos leyera el pensamiento y lo pusiera por escrito, como para decirnos ‘no te creas tan original; lo mismo que piensas tú acerca de ese asunto también lo hemos pensado otros’. Digo esto porque el domingo pasado leí un artículo de Maruja Torres: Publicidad con alevosía. Copio algunas frases: “Tomemos, por ejemplo, el caso de la publicidad de los bancos.” (...) “Los bancos deberían saber que cualquier publicidad que emanen es contraproducente, sobre todo los que han recibido dinero público.” (...) “No es de extrañar que cuando aparece en los cines el anuncio de Bankia de empezar por los principios...” [se produzca en la sala] “un abucheo sin precedentes. Yo ya lo hago solita,  pero con todas mis fuerzas -confiesa MT-, cuando lo escucho por la radio.” A mí me ocurre otro tanto. Y además todas las mañanas. Dicha cuña de radio a veces entra casi inmediatamente después de alguna noticia relacionada o muy próxima a ese banco que ahora se pone estupendo, desvergonzadamente estupendo. Viene a decir algo así como: ‘vale, bien, es cierto que hemos sido un poco malos, je-jé, pero ahora vamos a ser muuuuuuy buenos, OK? Así que, lo pasado pasado, y pelillos a la mar’. Cada vez que lo escucho no puedo evitar el imaginarme a ese copy del departamento creativo que le ha tocado escribir la cuña diciéndose a sí mismo: ‘vaya papelón que voy a tener que hacer’. Y qué decir del cachondeo perfectamente imaginable en el estudio de grabación, donde, entre toma y toma, los sarcasmos habrán circulado del técnico de sonido al locutor, y de este al ejecutivo de la cuenta, del ejecutivo al creativo... y así sucesivamente. Desde luego, hace falta valor, y una desfachatez a toda prueba, para programar la inserción de esa cuña de radio (y de otras igualmente provocativas, dadas las circunstancias) en los espacios publicitarios de un informativo. Yo no quiero ser malpensado, y no lo soy, pero el ‘recochineo’ –en  expresión de Maruja Torres– que se desprende de las campañas de algunos bancos y de algún gobierno... parece que respondiera a una provocación perfectamente programada. Es como si con ello se buscara que algún damnificado perdiera los nervios (que sería lo único que le quedara por perder) y tuviese una reacción violenta, irracional, del todo reprobable; y convertir así, con la ayuda de los muchos medios y del ‘equipo médico habitual’, a las víctimas en verdugos, y viceversa. Pero no, no puede ser. Las cosas no siempre son lo que parecen. Estoy casi seguro de que esas campañas responden a criterios y buscan objetivos mucho más previsibles y vulgares: lavar la cara, hacer (o simular) un pequeño descargo de conciencia, engatusar de nuevo, recuperar en lo posible su cartera de clientes...  Después de todo, no son más que eso: carteristas. Conspiraciones y fantasías diabólicas escapan a su idiosincrasia. Al menos eso es lo que  yo creo. O quiero creer.

(*) alevosía: 1. f. Cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas, sin riesgo para el delincuente. Es circunstancia agravante de la responsabilidad criminal.  (DRAE)