viernes, 22 de mayo de 2015

el club de los lugares abandonados

     Leo con asombro y fascinación que existe el Club de Exploradores de Lugares Abandonados. Esa es una noticia que yo llevaba esperando (sin saberlo) desde hace décadas. La breve reseña cita viejos teatros arruinados, pueblos vacíos, barcos, subterráneos... Yo hubiera preferido enterarme de ello gracias a una confidencia íntima, y no a través de una revista de gran tirada. Es una lástima que una idea así no permanezca en el ámbito de las secretas sociedades, en una estricta clandestinidad: una de esas cosas que existen, sí, pero sólo para los muy adictos y avisados, tipos cabales que saben guardar un secreto hasta el final, o más allá si fuera necesario. Estoy pensando, cómo no, en Beau Geste, una de las películas más hermosas y elegantes que yo recuerde, con Gary Cooper al frente del reparto. Pero, volviendo a la noticia del Club, creo que desde niño he sentido esa fascinación por los lugares perdidos, abandonados, por aquello de lo que se hizo cargo el tiempo, y sólo el tiempo. Hay algo en esas casas deshabitadas en las que al introducirnos sigilosamente percibimos una sensación como de antiguas y sin embargo muy recientes presencias, de conversaciones y risas que se hubieran desvanecido hace apenas unos segundos, al oírnos llegar. Y junto a algunas de esas casas con yeso desprendido y botellas vacías por el suelo, a veces hay jardines clausurados en los que han crecido a su antojo el jaramago y las enredaderas, las higueras bravías, las telas de araña, las palomas muertas... ¿Cuántas pasiones, cigarrillos, deseos incumplidos, apresurados polvos, declaraciones de amor habrán tenido allí lugar hace diez años o diez meses o una eternidad sin testigos? Estoy recordando ahora esas imágenes del Cine Cervantes de Tánger en un puro abandono, ya tan solo habitado por gatos, termitas y mendigos. Se me viene también a la memoria la belleza abatida aunque insurgente, avasalladora, de la Sexta Esclusa del Canal de Castilla, en Tierra de Campos. Hay vías muertas de ferrocarril entre estaciones desaparecidas. Hay minas abandonadas donde las paredes rezuman y un goteo espaciado crea charcos oscuros, ácidos. Hay templos derruidos, ermitas sin techumbre donde se aprietan las zarzas y se solean los lagartos. Son los lugares de la memoria que el abandono  protege: un palomar caído, desmoronado como un flan, como una tarta de adobe en medio de los trigos; pero también un cementerio de coches tomados por el óxido y las flores que revientan las ventanas, el capó... Aceptemos que el abandono es a veces como el cielo protector de Paul Bowles, que nos protege de la nada que hay detrás. Ese abandono es un manto que extiende el olvido para organizar la resistencia. Lugares abandonados, derrotados, sí, mas no extinguidos.

Facebook

viernes, 15 de mayo de 2015

¿cuándo empieza el viaje?


     ¿Un viaje empieza cuando subes al avión, cuando cierras el maletero del coche? No, el viaje da comienzo mucho antes: cuando todavía no has elegido el destino y empiezas a barajar nombres, itinerarios, páginas web. Es posible que incluso antes de eso. Julio Cortázar estaba en lo cierto cuando dijo que "un libro empieza y termina mucho antes y mucho después de su primera y su última palabra." Un viaje es algo muy parecido a un libro. Al llegar por vez primera a una ciudad, ¿quién no ha tenido esa sensación de 'yo ya he estado aquí'? Casi todos los viajes tienen en algún momento un déjà vu. Es inevitable. Libros, novelas, películas, documentales... Hace mucho tiempo que ya es imposible llegar 'por primera vez' a Nueva York, París o Roma. No digo nada nuevo si afirmo que cada cual visita la ciudad que lleva en su imaginario. Por eso son tan importantes las películas y los libros que uno ve y lee en su juventud. A sabiendas o no, viajamos a los lugares de la memoria, de las lecturas. Cuando creemos que volamos a Egipto estamos viajando en realidad a El cuarteto de Alejandría, de Durrell; Cuernavaca es sin remedio la Quauhnahuac de Bajo el volcán, de Lowry; Manhattan es Ghotam City y es Woody Allen; Lisboa es Pessoa; Valladolid es el escenario de El hereje, de Delibes; el barrio londinense de Notting Hill ya será siempre Julia Roberts. Y así podríamos seguir con Anna Karenina, El tercer hombre, Innisfree, El año pasado en Marienbad... Hay tantos itinerarios, tantas novelas y películas por visitar... Como el cabarette de Montevideo en el que Gilda baila su inolvidable Put the blame on mame. Yo, como ya habrá intuido el lector asiduo de este blog, tengo puestas todas mis esperanzas una vez más en las farmacéuticas suizas y sus drogas de diseño, particularmente en la especialidad 'agencia de viajes'. Estoy dispuesto a vender mi alma al diablo de Zurich con tal de poder pagarme en su momento un tour de antología: para empezar, Memorias de África en todo su esplendor, tanto de la novela como de la película, seguida de un buen Orient Express en su recorrido completo: desde Victoria Station hasta la estación termini en Estambul; El Gatopardo (también libro y película) no podrá faltar; algunos capítulos de Suave es la noche, de Scott Fitzgerald, me los reservo como quien tiene  reservada una suite en el Negresco, con un Bugatti verde a la puerta y unas amigas de Tamara de Lempicka -muy bisexuales ellas- esperándome impacientes en la recepción del hotel. Pero esto no es más que el principio, las primeras grageas. Una noche loca en algún motel de carretera con Thelma y Louise parece bastante probable. Por otra parte, una buena huida a México siempre estará ahí, disponible. Y el morbo del Terciopelo azul también. El amante, de Marguerite Duras. Bélver Yin, de Jesús Ferrero, y El embrujo de Shanghai, de von Sternberg, completarían una trilogía exótica y asiática...  Bueno, confiemos en la ciencia, y en los cientos de comprimidos que nos podremos pagar, llegado el día, cuando se haga de noche.




viernes, 8 de mayo de 2015

el mirón mirado

     Que este blog ha dado un estirón es un hecho cierto. Tanto es así que en las últimas semanas se ha duplicado el número de visitas que recibe a diario, tal como informan las estadísticas servidas por Blogger en tiempo real. Superadas (aunque nunca del todo) las pequeñas vanidades, surgen las preguntas: ¿por qué ese incremento? ¿Y por qué ahora? El hecho de que buena parte de esas nuevas entradas procedan de China, ¿qué explicación tiene? ¿Acaso ello está relacionado con la expansión que en todos los órdenes -comercial, económico, político, demográfico- viene experimentando desde hace años el gigante asiático? Sabemos por experiencia que las cosas nunca vienen solas, y que la ley de los vasos comunicantes funciona más allá de los libros de Física. No sería pues de extrañar que la tendencia al alza de la Bolsa de Shanghai tuviera alguna relación con el aumento de páginas vistas desde China de este humilde blog. Pero, con ser apasionante, no es eso lo que a mí más me atrae o desvela. No. La pregunta que se me aparece mientras no duermo es: ¿quiénes son esos visitantes anónimos que entran a curiosear o pasar unos minutos en esta isla mínima de la blogosfera? Quisiera conocer no tanto sus nombres como sus caras, sus andares y maneras de moverse, el modo en que han llegado hasta mí, los gestos de sorpresa o desaprobación al leer tal o cual frase. Me los imagino como a secretos mirones que entraran en mi casa de madrugada, cuando todos dormimos, y examinaran sigilosamente cómo han quedado la cocina y el salón, los dos o tres libros y las gafas que anoche dejé sobre la mesa, la disposición de las tazas del desayuno de mañana, el estado de las cosas... Como en una película de intriga y misterio, me los imagino -linterna en mano- examinando la respiración acompasada de mis hijos profundamente dormidos. Avanzarán por el pasillo. Mirarán con indiferencia o extrañeza los cuadros de Capa y de Allas. Ya en nuestra alcoba, tras observar a mi mujer en su dormir sereno, ¿decidirán apoderase de ella para siempre?, ¿hacerme una oferta y negociar?, ¿asfixiarme con la almohada? ¿O bien dejarán un detalle, una flor pequeña en el vaso de agua? No sé cómo expresarlo. Al saberme leído me siento observado. Decidme, ¿quiénes sois? ¿Cuáles son vuestras fantasías más recurrentes? ¿Dormís mal? ¿Tenéis acaso una profesora de español que os ha recomendado mi blog? ¿Cómo lo veis? A veces pienso que el mundo se divide entre los que les gusta mirar y quienes prefieren ser mirados. O sea, voyeurismo activo o pasivo. En fin, creo que tendré que acostumbrarme a saberme observado por miradas anónimas. Y habré de admitir también que cuando yo miro algo, hay alguien que, en silencio, me está mirando a mí.



jueves, 30 de abril de 2015

obsolescencia programada

     La primera vez que oí esa expresión fue a través de la radio, hace ya bastantes años, en la voz de un psicoanalista argentino (no es broma). Pensé que se trataba de alguna milonga. Obsolescencia programada va más allá de una fecha de caducidad: me recuerda a Blade Runner, y en particular a la escena en que el replicante se presenta ante su creador, el 'dios de la biomecánica', a pedirle cuentas y exigirle un imposible rediseño. Es una escena con una tremenda carga dramática, pero también libertaria: el replicante no acepta su destino y se revela ante el gran ingeniero, el responsable de haber programado su existencia y su final, y, al ver que no hay salida, destruye a su creador. Romanticismo puro y duro. Pero, volviendo a la la realidad de ahora mismo, cabe preguntarse por el continuo acortamiento de los períodos de vigencia con que nacen nuestras creaciones, ya sea un teléfono móvil o un contrato de trabajo temporal. Mientras la vida se alarga, los fármacos caducan cada vez más pronto. Y la paciencia también. Ya no se sabe si el ordenador que compramos el año pasado va a resistir sin petar hasta después del verano o del librito que estamos escribiendo. Es verdad que todo en la vida es provisional y efímero, y no parece inteligente hacer planes a largo plazo. Aunque también cabe la pregunta acerca de lo que entendemos hoy por 'largo plazo'. Llegados a este punto, siempre me acuerdo de unos versos de Luis Rosales: "Tal vez es cierto y sin embargo es triste / que nuestro amor sólo puede durar mientras que dure un beso." Cuando leí ese poema -allá por los años 80-, bromeé diciéndome algo así como: "o sea, docenas de amores, miles de besos." Es una triste conclusión: todo está sometido a un plazo fijo, a un período de caducidad, a lo que dure un viaje, una banda sonora, una película. Cuanto más hermoso el viaje o más inolvidable la película, más triste su final. El hecho en sí mismo del final, aunque sea un final feliz, un happy end, es de una crueldad inaceptable. Pensar que hay sonrisas y miradas vivas que se perderán en el tiempo como... (mejor ni decirlo) es algo tan doloroso, tan cruel, que más vale ni insinuarlo. Frente a la obsolescencia programada en todos los órdenes de la vida, cabe la pregunta latente en Blade Runner: ¿alguien tenía derecho a crearnos... con fecha y hora de llegada y de salida, como trenes en la noche? No. No lo tenía. Pero aún así alguien nos creó, nos atribuyó un horario. Ya es tarde para no revelarnos. Para no desafiar al dios de la biomecánica, para no leer, no haber leído, el poema de Rosales. Tarde, tarde, tarde. De igual modo que al final de la película ¿Quién teme a Virginia Woolf? Liz Taylor dice aquello de "triste, triste, triste." Vale, de acuerdo, la suerte está echada, pero no nos resignamos, no nos resignamos...


sábado, 25 de abril de 2015

premio Dardos

Confesiones de un mirón ha recibido el Premio Dardos 2015. Supongo que es el fruto de mis muchos sobornos, chantages y y corrupciones de diversa índole repartidos generosamente por la blogosfera. No digo que los medios empleados para su obtención hayan sido éticos, pero sí perfectamente legales. Todo un honor. Muchas gracias.




premio es otorgado en reconocimiento a valores personales, culturales, éticos y literarios que son transmitidos a través de una forma creativa y original mediante la escritura. La insignia fue creada con el afán de promover la hermandad entre bloggers, mostrar cariño y gratitud por añadir valor a la blogosfera”.
Normas

  1. Incluir la fotografía del premio.
  2. Mencionar y enlazar al blog que te lo otorga
  3. Entregar el galardón a otros blogs merecedores de nuestro reconocimiento.
El Blog del Amor, de María Rodríguez, me ha otorgado un premio Dardos 2015.  
El que yo propongo es: Entra caminante, y descansa..., de María Jesús Prieto.




viernes, 24 de abril de 2015

digamos que fue un sueño

     Mi mujer se levanta algunas mañanas con un gesto de reproche venial hacia mí, aunque enseguida suavizado por un asomo de sonrisa que le surge a su pesar. Conozco bien esa expresión: viene a decirme que en algún momento de la noche me he portado mal, que he sido 'malo' en sus sueños. Aunque, claro está, ella sabe que no soy responsable de los actos que haya podido cometer en su mente; si acaso, más bien sería yo quien podría pedirle explicaciones por hacerme aparecer en sus sueños sin mi consentimiento, pero, como soy tolerante y más bien tirando a generoso, siempre le perdono esas ensoñaciones en las que al parecer me comporto de manera inadecuada. Ahora bien, yo sospecho que cuando el río de los sueños suena... Dicho a la brava: creo que cada uno induce sueños a quien tiene más cerca o duerme a su lado. A ver si me explico. Es como si entre uno y otro se produjera una especie de transferencia de datos por bluetooth. No voy a entrar en detalles personales, pero ¿qué pasa cuando lo soñado desde un lado de la cama coincide a la mañana siguiente con un extraño bienestar en la otra parte? Observo su mirada a las 7.45 en el cuarto de baño y deduzco que hace un par de horas o menos he propiciado algo excepcional y no del todo confesable: ¿quizá un trío con... Marion? ¿O tal vez hemos tenido un encuentro con los Pitt en su mansión de Beverly Hills, en plan swingers? Es entonces cuando, a la salida de la ducha, admito: no te voy negar que esta noche lo he pasado bien con Angelina, pero reconoce que lo tuyo con Brad... tampoco ha estado nada mal. Y ahí se impone un silencio, un cruce de silencios de al menos cinco segundos. Luego van apareciendo en el espejo las primeras sonrisas del día. Compruebo una vez más que siempre que sale este tema me acuerdo de aquello que escribió Luis Cernuda: "¿quién gobierna en el reino de los sueños?" Nadie. Si acaso, son los propios sueños quienes gobiernan o desgobiernan nuestras vidas. Pero me gusta la idea de incidir en los sueños de otro. Y no digamos ya cuando lo que uno sueña coincide -aunque sea solo en parte o de pasada- con aquello que está sucediendo en el sueño de quien duerme a su lado... o a miles de kilómetros. Si en un gran mosaico de pantallas pudiéramos ver todo cuanto está siendo soñado simultáneamente en un minuto de la madrugada... Si pudiéramos mover miles de sueños y de plasmas como los naipes de la baraja, veríamos que lo recién soñado por una muchacha en Singapur aparecería de pronto a la orilla de otro sueño que está teniendo lugar ahora mismo en un ático de la Plaza de Olavide, por ejemplo, en pleno barrio de Chamberí. Hace años -imposible saber cuántos años- sonó en mis sueños el Adiós Nonino de Astor Piazzola, y en el propio sueño una joven preciosa lo estaba escuchando en Buenos Aires, y los dos acabamos bailando muy juntos, muy apretados, Adiós Nonino, a diez mil kms de distancia.   

 André Rieu - Adiós Nonino (Farewell father) - YouTube

viernes, 17 de abril de 2015

dime cómo andas...

     Los andares son la caligrafía del cuerpo. Dicho de otro modo, una manera de andar implica una manera de ser. Me gusta observar cómo camina cada uno: con timidez o despreocupación, con pesimismo, arrogancia, inseguridad, premura. Hay quien camina como volviendo la cabeza -sin volverla- por si alguien le estuviera siguiendo los pasos; también los hay que pasean tal que silbando por la vereda y dejándose ver muy a gusto; otros avanzan como si llevaran años cabalgando por el lejano Oeste, con los codos hacia fuera y las manos listas para desenfundar el colt 45. Padres que caminan como abuelos; madres como hijas; camareros como meteorólogos de televisión ante las cámaras. A veces me cruzo con individuos que parecen caminar como si pretendieran pasar desapercibidos, y así no levantar sospechas ni ser tomados por evasores fiscales. De ello se desprende la pregunta: ¿caminamos como somos... o como queremos hacer creer que somos? Hace unos días, concretamente el miércoles 8 de abril, a las 14.15, en el parking del Museo Reina Sofía, vi a un tipo que se dirigía hacia su coche con la determinación y el gesto inequívoco de un psicópata. Esta misma mañana, a la puerta del colegio de mi hijo, he visto a la madre de un alumno (se supone que era la madre) regresar sin prisa, con la cabeza levantada, los párpados con sueño y los andares de una cortesana de Shanghai hacia 1930. Qué maravilla. Sí, es verdad que hay andares que matan, como los de aquella Dragon Lady, en Bélver Yin, que "indolente caminaba entre toda la canalla de zapatos finos." Y qué decir de quienes van por la vida así como meciéndose del puente a la alameda, encantados de haberse conocido. Claro que también están quienes por su forma de moverse, de colocarse siempre de perfil, diríase que aspiran a convertirse en invisibles. En el extremo opuesto se sitúan los que lucen andares de banderillero legítimo, y también quienes caminan como influidos por la Pasarela Cibeles, sintiéndose el centro de todas las miradas. Ver andar a algunas mujeres, verlas venir, es quizá el mayor espectáculo del mundo, y ello -su musicalidad, sus maneras fluyentes- tiene alguna secreta relación con el vaivén de las olas y con el compás de las habaneras. En el vestíbulo de un hotel de Madrid -junto a la Plaza de Santa Ana- hay una pantalla de plasma donde una silueta de mujer camina incesantemente hacia el observador, pero sin dirigirse a ninguna parte, solo por el placer de dejarse mirar. Cada vez que paso por allí no puedo evitar detenerme un minuto -a veces dos- para darme el gusto de contemplar esa imagen en movimiento tan adictiva. Y mientras me dejo llevar por sus andares, me pregunto de quién habrá tomado el videoartista esa silueta que fluye como tocada por la gracia de un arcángel. No sé, quizá el Paraíso fuera eso: sentarse a la sombra del manzano y ver venir a Eva caminando... como la silueta de esa mujer en la pantalla de plasma.