viernes, 1 de julio de 2016

isla Mauricio (carta a un desconocido)

     Por primera vez alguien ha entrado en este blog desde la República de Mauricio, un pequeño paraíso en medio del Índico, a unos 900 kms de Madagascar (véase la Wikipedia). Sucedió el pasado martes 28. Me pregunto qué desocupado lector andará estos días por esas afamadas playas, bronceándose como un dios y bebiendo daikiris al atardecer. Quizá sea un afortunado de la Primitiva -'no tenemos sueños baratos'- que, huyendo de la campaña electoral, buscó un lugar donde no llegara la contaminación acústica de los mítines, las redes sociales, la iracundia de los tertulianos más ardorosos. Y nuestro hombre eligió Isla Mauricio como podía haber elegido las Seychelles o las Chimbambas. Hasta ahí todo va más o menos bien. Pero la cosa se complica cuando intentamos imaginar cómo llegó el ocioso internauta a entrar en este humilde blog. ¿Qué andaría buscando? Quizá navegaba por las calientes aguas del porno y al avistar confesiones de un mirón creyó haber dado con las vivencias eróticas de un voyeur. Aunque también pudiera darse el caso de que se trate de un secreto visitante de este blog que curiosea en él cada semana desde el lugar del mundo en que se encuentre, ya sea por placer o por negocios. Eso explicaría algunas entradas que se producen desde los sitios más remotos o insospechados. Me gusta la idea de que un bon vivant viajero me vigila y sonríe, a sabiendas de que yo nunca descubriré quién es ni desde dónde entrará la semana próxima. ¿Burkina Faso, Islandia, Barbados, Singapur? Volviendo al lector del martes 28, sólo se me ocurre un desahogo rencoroso, fruto amargo de la envidia: ¡Qué cabrón, cómo te lo estarás pasando en ese paraíso de playas extendidas y cuerpos gloriosos ofrecidos al sol, a la brisas marinas! Entretanto, aquí no salimos de nuestro asombro, haciéndonos preguntas tan ingenuas o insondables como por qué la corrupción cotiza al alza, y otras semejantes. De modo que, mientras nosotros languidecemos viendo caer a la Selección en la Eurocopa, tú te lo montas en Mauricio como un marajá a la sombra de la palmera inclinada, contemplando el vaivén de las olas con un gintonic al alcance de la mano. Luego, para reponerte del esfuerzo, pasarás al gabinete aromatizado donde tiene lugar el masaje tántrico de cada día, previo a la cena en la terraza, a base de marisco frío y champaña Veuve Clicquot Ponsardin. Así pues, desconocido lector, yo en tu lugar me tomaría mi tiempo antes de regresar a la patria. Aquí las cosas no pintan demasiado bien: parece probable que nos aplicarán nuevos recortes; que la cultura se seguirá considerando un lujo sospechoso; que el informe anual de Cáritas se tratará de silenciar una vez más. Asimismo, pasadas ya las elecciones, se dice que las eléctricas 'estudian' subir la factura de la luz con efecto retroactivo. ¿Cómo lo ves, amigo? Ni te muevas de ahí.