viernes, 11 de diciembre de 2015

500 películas, 200 libros

     Ya sé que en México me llamarían don Precavido, pero, por si acaso, no estaría de más ir organizando la resistencia individual, el exilio interior. Veamos. En el supuesto de que el domingo 20 las urnas no hicieran ni siquiera una pizca de justicia, convendría tener prevista una estrategia para resistir los próximos cuatro años, que serán duros, me temo. Yo ya he hecho mis cálculos de lo que necesitaría para sobrevivir durante ese largo y crudo invierno: quinientas películas y doscientos libros. Con esa barricada y una buena calefacción, creo que estaré en condiciones de resistir. En estas últimas madrugadas he empezado a elaborar una lista de libros y películas irrenunciables. Por cierto, estoy releyendo un libro sabio del maestro Sánchez Ferlosio cuyo título -¡no lo quieran los dioses!- parece premonitorio: Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Para contrarrestar, en mi listado cinematográfico incluyo muchas comedias clásicas y modernas, así como no pocas historias románticas para morir de amor (si cierro los ojos, veo a Juliette Binoche y suena la música de El paciente inglés). Pero todo esto, ya digo, no es más que un cauteloso 'por si acaso', incluso me atrevo a decir que un entretenimiento para hacer más llevaderos los despertares prematuros, las horas sin sueño, a la espera de que suene el despertador y el día se ponga en marcha. He leído que hacer listas es bueno para la mente: pone las cosas en orden y neutraliza el avance del caos. Nada menos. De modo que voy a seguir elaborando listas en el silencio de la madrugada. Es posible incluso que ese ejercicio mental me ayude a conciliar un sueño breve y reparador de última hora, tal como me ha ocurrido ya alguno de estos días. Pero si se cumplieran los pronósticos más agoreros, confío en que alguna mente esclarecida, algún científico de los comportamientos sociales nos explique qué mueve a millones de personas inequívocamente decentes a convalidar con su voto la indecencia. Para mí es un misterio, lo confieso. A no ser que -es hablar por no callar- la corrupción irradie un cierto morbo, una ebriedad del alma o excitante cosquilleo íntimo ante la transgresión perpetrada a conciencia... Algo así. Aunque lo veo poco verosímil: demasiada sofisticación para un comportamiento masivo, y más aún tratándose de España y de los españoles, que no solemos tener una especial sensibilidad para esas sutiles perversiones del espíritu. ¿Entonces, dónde está el quid de la cuestión? Hace algunos posts hablaba yo de una realidad ilusoria creada ex profeso para dar el cambiazo y hacerla pasar por la otra realidad, la que previamente se ha hecho 'desaparecer' como por arte de magia de los telediarios.  Pero, ¿y si fuera yo quien vive inmerso en ese matrix, ese mundo paralelo o realidad ficticia? Tantas películas, ficciones, cuentos, novelerías, ¿no me habrán transportado a una irrealidad que me hace ver gigantes donde sólo hay molinos? No sé. Quizá debería hacérmelo mirar.