viernes, 2 de enero de 2015

para empezar bien el año

      Hace unos días, la viñeta de El Roto mostraba a un vidente ante la bola de cristal: "Bien, veamos, el 2015 va a ser... ¡Oh, no, Dios mío! ¡No se ve nada! ¡No se ve nada!", exclamaba. Sin embargo, yo he mirado mi bola y he visto -además de que el Madrid va a ganarlo todo- que 2015 va a ser "el año del miedo." Mal asunto. Hay que tenerle miedo al miedo, pues movidos por él se hacen cosas de las que luego nos arrepentimos o avergonzamos. En los últimos meses de 2014 se dejaron ver las primeras muestras de la campaña del miedo, de la precampaña. Pero el crescendo ya está programado. La mecánica es muy sencilla: hay unos cuantos miles de individuos, tampoco demasiados, que ven motivos para sentir un cierto temor o inquietud. Y como tienen lo que hay que tener para hacerlo, pues van a tratar de endosarnos su miedo, u otro peor, y de ese modo quedarse ellos tan ricamente, y aquí paz y después gloria. Ese recurso ha dado excelentes resultados casi siempre a sus adalides, pero tengo serias dudas de que esta vez funcione aquí y ahora, tal como confían sus promotores. ¿Por? Yo no me he dedicado nunca a la política, aunque sí a la publicidad y el marketing, y sé que una estrategia equivocada puede arruinar una campaña poderosa. Como es sabido, una buena marca, una marca de prestigio, tira siempre del producto (a condición, claro, de que este no sea una impostura a todas luces). Pero vivimos tiempos en que las marcas patrocinadoras de esta campaña, la del miedo, no están precisamente bien valoradas, ni el producto que pretenden colocar en el mercado responde a las motivaciones del público objetivo al que se dirige. Dicho llanamente: la campaña '¡Que viene el lobo!' va a ser difícil que funcione con la eficacia de otras veces; más que nada porque el lobo hace ya tiempo que ha venido, que se ha instalado aquí, y lleva años devorando a los corderos y haciendo  una carnicería atroz. ¿Que viene el lobo? Léanse las conclusiones del informe anual de Cáritas, o de Unicef, entre otros, y se verá quién es en verdad el lobo y cómo está dejando el rebaño. Por supuesto que todo es discutible, y todo tiene sus pros y sus contras, sus niveles de riesgo, que nada es del todo blanco ni negro, y todos convenimos, supongo, que las simplificaciones maniqueas no responden sino al fanatismo de la ignorancia o a la pereza mental. Pero el recurso del miedo, de extender el miedo para torcer voluntades y lograr así objetivos, obtener réditos..., además de triste, es algo infame, incluso miserable. Recurrir al miedo es renunciar a la razón, es reconocer la falta de escrúpulos y de argumentos. Frente a eso, siempre me acuerdo de aquel mozo navarro que en plena homilía se puso en pie e interrumpió las admoniciones del cura -el cual no paraba de describir los horrores que les esperaban a los parroquianos lujuriosos-: 'Oiga, padre -dijo-, que si hay que ir al infierno, se va, eh, ¡pero no acojone!' En fin, para empezar bien el año, sin miedos, ¿qué tal si nos echamos un bailongo con una de esas viejas canciones que rompen el corazón?

Rod Stewart & Amy Belle- I Dont Want To Talk About It, subtitulos español - YouTube