viernes, 24 de octubre de 2014

momentos

          ¿Cuántos momentos caben en un día, en un cuarto de hora o en un mes de octubre?  ¿Y cuánto dura un momento, esa unidad de tiempo subjetivo tan variable? Un momento no coincide del todo con ese 'abrir y cerrar de ojos' de que hablaba aquí la semana pasada. Tampoco es un instante, aunque un momento puede verse al trasluz como una secuencia de instantes. Pero el instante tiene más relación con el milímetro, el segundo, el flash; las revelaciones, como los cruces de miradas, se producen en apenas un instante. Los momentos son más horizontales: abren un paréntesis y desarrollan su contenido, con sus oraciones subordinadas, pausas, puntos suspensivos, su final de párrafo y cierre de paréntesis. Todo ha sucedido en el interior de ese momento. Y tanto en duración como en textura, espacio, densidad, ritmo interior, puesta en escena... no hay dos momentos iguales. Un déjà vu no es más que un buen imitador del original, incluso un eficaz falsificador, aunque a veces se dan las falsificaciones de copias, o de copias de copias. Pero no es lo mismo, por más que nos gustaría en algún caso. Los momentos nunca se repiten tal cual. En realidad, dos momentos son siempre incomparables, aunque a primera vista puedan parecerse como dos gotas de agua. Si no hay dos rostros idénticos, dos tardes de lluvia con el mismo número de gotas... tampoco los momentos se repiten en sus ilimitadas combinaciones, variaciones, permutaciones. O al menos, una vida entera no es suficientemente larga para que puedan darse en ella dos momentos iguales. Una vida acoge apenas unos cuantos miles o decenas de miles de momentos singulares. Cien mil es una bonita cifra redonda, aunque también es cierto que bastarían cien, cien momentos inconfesables y bien aprovechados, para escribir unas memorias suculentas, de esas que solo se publican no sé cuántos años después de desaparecido el autor y sus... acompañantes. Más que años o libros leídos, acumulamos momentos en la memoria y en la piel. Casi podría decirse que estamos hechos de momentos vividos, y aun por vivir. No estoy seguro, pero quizá los mejores momentos, o los más nuestros al menos, son aquellos que hemos perseguido con obstinada insistencia, aunque infructuosamente. Esos momentos tan deseados nos definen mejor que nada, pues bien sabemos que los sueños constituyen biografía, son parte fundamental de nuestro currículum no declarado. Es más, si yo trabajara en algún departamento de recursos humanos incluiría el epígrafe 'momentos no vividos / sueños no confesados'. Y en función de las respuestas, crearía una secreta sociedad, un club de intercambios de momentos gozosos. Punto y aparte. Pienso que todos deberíamos tener los últimos momentos bien elegidos y reservados, y asegurarnos así un final de trayecto a la medida de nuestros deseos. O de nuestros sueños. Algo así como quien elige un paisaje que sobrevolar, un color en el que disolverse despacio  y quedarse dormido.