viernes, 12 de abril de 2013

la mejor risa del mundo


Huyendo de toda esa viscosidad pringosa que se adhiere al día a día, el viernes pasado decidí que basta ya, que durante una temporada no iba a concederle ni un solo post al camión de la basura. Bastante hago con tener que oír, ver o leer la ración diaria de inmundicia con que nos obsequian los medios desde primera hora. Qué necesidad de limpiarme la mirada y salir a campo abierto, ahora que ya es primavera. El lunes murió Sara Montiel, y, pese a la pena, y al recuerdo de algunos momentos estelares de nuestra incomparable Sara, encontré en ella el motivo y el asunto de este post. Lo tenía ya medio pensado en la cabeza. El punto de partida iba a ser este: una mujer a la que han amado –además de sus maridos Pepe Tous y Anthony Mann, nada menos– hombres tales como Indalecio Prieto y Severo Ochoa, o como Pablo Neruda, Gary Cooper, León Felipe..., incluso (aunque de otro modo, claro) el joven y guapo James Dean. Una mujer así no es para despacharla de un plumazo y cuatro tópicos. Todo iba bien hasta que anteayer, miércoles, va Esperanza Ortega y publica en su artículo semanal de Las cosas como son, en El Norte de Castilla, La emperatriz de las violetas. A medida que iba leyéndolo, me decía: “Adiós, ríos; adiós, fontes, / adiós, regatos pequenos...” O dicho de otro modo: mi gozo en un pozo. Se lo perdono a EO por ser quien es; de lo contario..., rencor eterno. Únicamente –por salvar los muebles–, salió una foto en El País del martes, 9, que, además de desconocida para mí, es reveladora. Deduzco que esa foto fue tomada en Los Ángeles durante el verano de 1955: Sara y James Dean ríen a carcajada limpia en una instantánea (literalmente) irrepetible. En el estallido de esa risa entera y verdadera de ella está, creo yo, el secreto de toda la belleza, la alegría repentina, las ganas de vivir de una mujer libre que enamoró al mundo. Me pregunto qué fue, qué broma desató aquella risa loca de dos seres jóvenes y bellos, seguro que divertidos, con una amistad entre ambos que nadie hubiera puesto en duda. Puto Porsche deportivo 550 Spyder, un 30 de septiembre. Tengo que averiguar si dos almas gemelas como Sara y Ava Gardner se conocieron. De ser así, ¡qué noche de copas en Chicote! ¡Qué obra de teatro en el Español!