viernes, 1 de febrero de 2013

el miedo es el mensaje

Lo vi en una sala de exposiciones en Chueca y me llamó la atención ese titular. El miedo es el mensaje es una instalación que reúne casi doscientos titulares de prensa aparecidos en diferentes crisis económicas durante los últimos veinte años. El autor, Juan José Martín Andrés, "plantea de forma irónica invitarnos a analizar cuánto influye el medio en el mensaje y cuánto miedo nos puede provocar el medio informándonos sobre realidades...", etc. Dejando eso ahora, aunque solo en parte, es verdad que el miedo nos permite sobrevivir, puesto que sin él no duraríamos gran cosa en este mundo de tigres y tormentas, pero también lo es que el exceso de miedo nos paraliza  y nos hace sumisos como corderos. Administrar el miedo es un arma muy perversa, sí, pero de eficacia más que probada. Sin embargo, a veces se da un fenómeno muy interesante, y es cuando bastante gente empieza a perder el miedo, o a superarlo. Y eso sucede cuando van siendo muchos, demasiados, los que no tienen nada que perder... y el miedo ya no tiene nada que guardar. Me da la impresión -es solo una impresión, ya digo- de que algo de eso está empezando a suceder tímidamente. Ayer, jueves -en ese pequeño pero inevitable ejercicio de voyeurismo que consiste en examinar las portadas de los periódicos al pasar delante de un kiosco-, en una amplia avenida de Madrid, nada sospechosa de veleidades izquierdistas, ni siquiera centro-izquierdistas, vi una portada que me dejó pasmado: junto al ABC, La Razón, La Gaceta... llama mi atención un nuevo y desconocido periódico (?), de nombre 'Mongolia', cuya portada reproduce fielmente la estética fúnebre de una esquela. En dos líneas aparecen tres palabras: "Rajoy ha muerto". Esto sucede, claro está, recién destapado el tarro de las esencias del 'afaire Bárcenas'. La pregunta es pertinente: ¿Qué está pasando aquí? En síntesis: Bárcenas ha dicho que de perdidos al río, y, como Sansón en La Biblia, ha dado el grito de "¡Muera yo y conmigo todos los filisteos!" Los filisteos tiemblan y el jefe de estos se va a ver obligado a salir a la palestra -contra su voluntad y querencia, bien es cierto- a no dar explicaciones durante casi una hora, a desparramar la mirada varias veces y titubear otras tantas, mientras pasan los minutos y cumple, o eso cree, con el fatigoso expediente. Y no le faltará razón. Sabe que ya casi da igual lo que diga. Es triste admitirlo, pero es así. Él y sus filisteos han abusado tanto tanto de nuestra paciencia que todo cuanto pueda decir o alegar, aunque sean medias verdades o mentiras solo a medias, caerán en el saco roto de la incredulidad y de la indignación ganadas a pulso. Pobre Catilina. Extramuros del Senado, Roma ha dictado ya sentencia: Alea iacta est. O no. ¡Los dioses son tan arbitrarios! Y con el miedo nunca se sabe: igual que baja, vuelve a subir. En cualquier caso, habrá que estar muy atentos a los idus de marzo.