viernes, 16 de septiembre de 2016

tanteando las horas

     Hay que tener cuidado con el momento que uno elige para tomar una determinación o publicar un desahogo. Me refiero a esas decisiones que luego traen consecuencias, tales como aparcar el coche diez minutos en 'carga y descarga', mandar a tu jefe a que le den por ahí o poner en Change.org una petición incitando a la desobediencia civil o al amor libre. Hay muchas más, claro está. Este blog, sin ir más lejos. Dependiendo del día y de la hora que yo elija para escribirlo puedo obtener como resultado una sonrisa casi unánime o una severa reprobación. Porque en este reducido espacio también sucede como en aquel poema de Ángel González: "Ayer fue miércoles toda la mañana./Por la tarde cambió:/se puso casi lunes,/la tristeza invadió los corazones." ¿Y quién está a salvo de un casi lunes por la tarde? Por eso yo voy tanteando los días y las horas hasta ver si el post encuentra el tono (y con el tono el tema) en el que discurrir sin mayores obstáculos. Dispongo de toda la semana para ello, es cierto, aunque a veces no es fácil encontrar una hora entera limpia de ruidos, de interferencias. Sé que si me canso de esperar y elijo el momento equivocado, puedo perder de golpe la mitad de las visitas que viene recibiendo este blog; o peor aún, decepcionar a las amistades más queridas. Hay martes revirados desde primera hora en que más me vale caminar deprisa y guardar silencio. Aunque también hay mediodías luminosos en los que estoy dispuesto a declarar la paz en la Tierra y el amor universal. Es entonces cuando, bendecido por la luz, intento escribir unas líneas ligeras llenas de buenos propósitos. Pero son tan gratos esos minutos, esa cerveza rubia fría, que lo que realmente apetece es poner algo de música, bajar los párpados y dejarse uno llevar a la deriva. Luego vienen las noticias y lo echan todo a perder. Ahora bien, confiar el post al día siguiente tiene sus riesgos: nunca sabe uno si el miércoles será de ceniza o de pereza. O de un espíritu nublado, torvo.¡O de iracundia! Estos son los peores: cuando se nos enfurece el ánimo podemos escribir el texto más vibrante, el más elocuente... del que no tardaremos en arrepentirnos. Hay que andarse pues con mucho tiento a la hora de pulsar las teclas. De lo contrario, lo que iba a ser paz y amor, concordancia y aquiescencia, resulta un sermón desabrido, una monserga. Así pues, parece aconsejable bordear las provocaciones del Gobierno que nos salgan al paso. No es tarea fácil: hay tantos charcos en los que meterse... Pero ese es un terreno en el que mejor no entrar; siempre se sale perdiendo.