viernes, 9 de septiembre de 2016

el cuento de nunca acabar

     Lo mejor de buscar algo que guardaste hace tiempo es lo que va apareciendo en esa búsqueda. Al final, lo buscado solo es la disculpa para encontrar otras cosas. Una idea queda clara: viendo lo que guardamos a lo largo del tiempo, se puede trazar un retrato certero de la personalidad y la vida de cada uno. Un cajón lleno de papeles, postales compradas en museos, entradas de teatro, de conciertos -Serrat en Las Ventas, Miles Davis en el Palacio de los Deportes-, alguna carta o foto, programas de mano, pequeños catálogos de exposiciones, una caja de cerillas con un número de teléfono (sin nombre), varios marcapáginas, tarjetas de restaurantes, recortes de prensa, viñetas de El Roto, una cita de Mark Strand garabateada en un papel: "Acabamos lamentando la pérdida de algo que nunca llegamos a poseer." Pero he escrito 'marcapáginas', y eso es lo que motivó mi búsqueda: un marcapáginas en el que aparecía impreso un pequeño texto que me pidió un compañero de trabajo para regalárselo a su sobrino, acompañando a un cuento infantil. En ese texto mínimo pretendía yo decir que la vida de cada uno está tejida con miles, millones de hilos, y que con cada hilo se puede dar una nueva puntada, añadir una frase, una página, continuar el relato. En el cajón con recuerdos y papeles hay mil historias iniciadas, y otras tantas (más, muchas más) por continuar, por explorar. Todo es susceptible de ser revisitado, acrecido, puesto en circulación. Lo 'durmiente' solo espera el beso o el soplo que lo despierte, lo reavive. La cazadora roja y las gafas negras de Miles Davis aquella noche en el Palacio -viernes,13 de noviembre del 87- están pidiendo un poco de memoria viva, algo que evoque y active el espíritu del momento. El teléfono apuntado en esa caja de cerillas es un relato no escrito que, puestos a imaginar, podría dar comienzo aquel mismo viernes 13 a la salida del concierto, y seguir durante toda la noche y más allá, hasta el amanecer, ocho meses después, riendo a carcajadas en una fuente del Paseo del Prado, junto al Botánico. Quiero decir que todo puede y debe continuar, que los miles de hilos del envés de la trama siempre anhelan abrir nuevas rendijas por las que introducirse. Todo está dicho, es cierto, pero a medias. Escribe Eduardo Galeano refiriéndose a Sherezade: "Si el rey se aburría, estaba perdida. Del miedo de morir nació la maestría de narrar." Y bien sabemos todos que narrar es vivir. Leo la frase que buscaba en ese marcapáginas, dice así : "...ten en cuenta que el cuento queda a veces a medio contar; cuenta conmigo, amigo, para seguir contándote el cuento de nunca acabar."