viernes, 5 de febrero de 2016

que no nos pase nada

     De un día para otro se acumulan los temas. Cuando ya has elegido uno, y tienes más o menos perfilado lo que quieres decir, la actualidad se precipita y te salen al paso nuevos candidatos que exigen su derecho a entrar en este blog. Pero llega el momento en que tienes que elegir uno de los temas y descartar el resto. Así pues, me he visto obligado a 'recalcular' el nuevo itinerario, tras renunciar al que iba a ser el tema de esta confesión, cuyo punto de partida era una viñeta de El Roto que dice: "Por su propia tranquilidad: permanezcan asustados." El caso es que divagaba yo acerca de esa sensación que nos produce la realidad cuando percibimos en ella... como si el guión estuviese ya escrito, o dicho de otro modo: como si los dados del azar estuvieran trucados. De ahí a elucubrar extrañas teorías conspirativas no hay más que un paso. Así pues, aunque solo fuese por una cuestión de higiene mental, conviene desechar la idea del guión preestablecido y de los oscuros despachos donde se decide el qué, el cómo y el cuándo, me decía a mí mismo. Pero esa perorata hay que ponerla en relación con lo que estamos viviendo en España en las últimas semanas, una especie de partida de ajedrez que se juega en varios tableros simultáneamente. Una partida donde cada movimiento suscita una réplica simétrica que impide avanzar o introducir alguna variación. Para un observador atento, diríase que todos juegan a no dejar jugar, a impedir que los otros muevan ficha, como si perder esta partida implicara quedar eliminado para siempre. Y en esas estaba cuando alguien encendió la tele y apareció el candidato Pedro Sánchez, en directo, con un terno irreprochable y el tono solemne de las grandes ocasiones, casi anticipando la sesión de investidura. Habemus Papam, exclamé, aunque a sabiendas de que esto no ha hecho más que empezar, y que es ahora cuando va a dar comienzo la verdadera partida. Diálogo-negociación-acuerdos, esas son las reglas del juego. Sin embargo, aquí parece como si todo pacto fuera un pacto con el Diablo. Antes de que se produzca o no la improbable, casi milagrosa, fumata bianca, vendrán días de furia y ruido, semanas de zozobra. Veremos fintas, señuelos, astucias, estratagemas, juego sucio. ¿Y si después de tanto esfuerzo todo quedara en tablas, en nada? Pues habría que volver a la casilla de salida y empezar de nuevo. Para entonces, entre unas cosas y otras, ya estaríamos en verano. ¿Y quién se mete en campaña en pleno julio a las cinco de la tarde? Así pues, no descartemos seguir hasta el otoño disfrutando de un gobierno 'en funciones', o sea, en stand by. En fin. Más vale que no nos pase nada. Y mira por dónde, voy a terminar llegando al que iba a ser el punto de partida: "Por su propia seguridad: permanezcan asustados."