viernes, 12 de febrero de 2016

General Electronic City

       Al día siguiente, cuando se encendieron las luces en la sala de exposiciones, la ciudad ya no estaba allí. Un mes antes, Jesús Capa había hecho aparecer esa misma ciudad que ahora se ha borrado del mapa como por ensalmo. Pero todos sabemos que eso no es posible, y que la desaparición de la Estatua de La Libertad no fue más que un gran truco de David Copperfield, una ilusión óptica colectiva. Por tanto, puesto que una ciudad no puede esfumarse de la noche a la mañana, sólo cabe una salida: ha adquirido el don de la invisibilidad, pasando a formar parte de las ciudades invisibles, debidamente acreditadas y descritas por Italo Calvino. Todas llevan nombre de mujer: las tres últimas de que da noticia el autor se llaman Pentesilea, Teodora y Berenice. A ellas habrá que añadir ahora Electra (adaptando así General Electronic City al canon calvinista), la ciudad construida a base de componentes informáticos desechados, discos duros, condensadores, placas, teclados, piezas de desguace, lectores ópticos, gigas de memoria RAM... De tal modo que miles de correos electrónicos duermen sepultados bajo la luz de las azoteas de Electra. Millones de caracteres que unos dedos pulsaron, deseos, búsquedas compulsivas, secretas pasiones, fantasías, descargas... constituyen el flujo vital que nutre el cableado de la ahora invisible ciudad de Electra. En su planta de tratamiento de residuos tóxicos se acumulan documentos spam, encriptados archivos, discos duros formateados, comprometedores whatts app. Todo ello forma parte de la vida interior de esa ciudad blanca que ahora se desplaza por la invisibilidad hacia no sabemos dónde. Las ciudades invisibles tienen el don de estar y no estar al mismo tiempo, de aparecer y desaparecer en silencio, y reaparecer de nuevo donde menos te lo esperas. Reaparecer, por ejemplo, en las páginas de un libro de arquitectura, o en algún puerto remoto, acaso a orillas del Báltico. Dice la ley de Lavoisier que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Esa es la clave. Electra puede aparecer transformada en relato fantástico o en aeronave flotando a la deriva o llevada por la música. Pero también pudiera ser que, en un viaje inverso hacia el origen, la ciudad se deconstruyera, pasando del todo a las partes, a los componentes. Y acaso, con el tiempo, pudieran recuperarse esos megas y gigas de memoria almacenada, y reconstruir así el contenido de los e-mails, las descargas, las conversaciones, las páginas web. A partir de ahí, Jesús Capa -que tiene los planos en la cabeza- podría iniciar su reconstrucción. Pero esta vez yo me atrevería a sugerirle que dotara a la ciudad de hologramas publicitarios patrocinados por Apple, Fujitsu, Google, Facebook, Toshiba, Vodafone. Quizá entonces, los centinelas del arte abrirían los ojos y verían al fin la ciudad invisible.

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