viernes, 12 de septiembre de 2014

rebelión a bordo

     De un tiempo a esta parte, no hay conversación o tertulia en que no se hable de Podemos. Más allá de los lugares comunes más acreditados, pienso que Podemos es sobre todo un estado de ánimo que se ha ido extendiendo durante la crisis que no cesa, pero que venía gestándose desde tiempo atrás. Supongo que todo empezó cuando demasiados ciudadanos fueron llegando a la conclusión de que votar no merecía la pena, que daba igual o casi que gobernaran unos u otros. La cosa viene de largo. Cuando empezó a visualizarse la circulación obscena de cargos y recompensas en las ya famosas puertas giratorias -las que llevan de lo púbico a lo privado y viceversa-, percibimos algo así como un estado de malestar creciente que con el tiempo ha devenido en Podemos. Cuando nos produjo asombro descubrir que personas 'normales' se arracimaban alrededor de los contenedores con alimentos caducados, y ello coincidía -habrá quien llame a esto demagogia- con nuevos fichajes de políticos premiados con sueldos fabulosos por parte de Iberdrola, Endesa, Telefónica... Pues ahí también crecía en silencio el futuro voto de Podemos. Gürtel, Bárcenas, los ERE de Andalucía, caso Palau en Barcelona, caso Brugal en Alicante, Fabra en Castellón, Matas en Mallorca, la Comunidad valenciana al completo, Urdangarín y compañía, el flamante caso Pujol, las cajas de ahorros saqueadas, la multimillonaria estafa de las preferentes, los sobresueldos de la calle Génova, la inoperancia de Ferraz, la amnistía fiscal para parientes, donantes y amigos, los hachazos a la sanidad pública, a la enseñanza pública, a los dependientes, a los parados de 55 en adelante... Y suma y sigue. Pues bien, todo ello acrecienta sin cesar el granero de votos cabreados, indignados, deseosos de dar su merecido a los causantes, beneficiarios y consentidores de tales desmanes. Y ese voto, con razón o sin ella, siente hoy que tiene un lugar donde acudir y hacerse fuerte. Ante eso, de nada sirven las descalificaciones personales o las admoniciones apocalípticas. Da igual: van a recibir votos hasta de sus enemigos. Es posible que más votos incluso de los que ellos desearían. Tanto es así que, si yo fuera asesor de Podemos -que no lo soy, como es obvio- les advertiría del mayor riesgo que los amenaza: morir de éxito. Cuídense, jovencitos, y no pierdan la cabeza ni se corrompan antes de tiempo. Porque una cosa es segura: les van a tratar de corromper por todos los medios: poder, dinero, fama, sexo, honores, vanidad, chantajes, sobornos, tamayazos... ¿Y quién no es susceptible de dejarse corromper un poco, sólo un poco, por un puñado de lobies, o a cambio de un articulo elogioso en Newsweek? Cuidado, pues. El éxito repentino, fulgurante, a veces produce una ebriedad que hace sentirse invulnerable a quien lo obtiene. Pero es engañosa: esa ebriedad nos vuelve vulnerables en extremo, dejándonos a merced del corruptor.