viernes, 10 de enero de 2014

serotonízate

Leo que la serotonina es un neurotransmisor que controla la ira, el sueño, el apetito, la sexualidad, y que es conocida como 'la hormona del humor y del placer'. Nada menos. Leo también que el déficit de serotonina favorece la ansiedad, la depresión, el estrés, la tristeza, la baja autoestima... Al parecer, en los meses de escasa luminosidad (invierno) y de menor exposición al sol, nuestro sistema nervioso produce dosis más reducidas de esa jovial hormona afrodisíaca. ¿Qué hacer por tanto entre diciembre y febrero? Pues muy sencillo: meterse uno al cuerpo una sobredosis de triptófano, ese venturoso aminoácido que libera serotonina por un tubo. Por cierto, hace muchos años, mediados los 80, en la agencia de publicidad en la que trabajaba entonces, nos entró la cuenta de Redoxón, aquellas pastillas redondas y efervescentes con sabor a naranja que todos hemos tomado alguna vez. Pues bien, creí haber dado con la fórmula infalible para la campaña: "Redoxón. Vitamina C por un tubo." ¡Es perfecto, Luis!, me dijeron. El cliente también dijo que era perfecto, pero me lo echó para atrás sin mayores explicaciones. Pasado el tiempo, y ante los estados carenciales en tantos aspectos, frente a la falta de sueño de no pocas noches, el desasosiego, la intemperancia ocasional, el no buen humor de algunos ratos, alguna tristeza no bien justificada (aquello de 'la pura pena de no saber por qué'), el exceso de libido (tan irregular como su carencia o escasez), la desgana, el desinterés por uno mismo y por tantas cosas... todo eso estaría muy bien que pudiera corregirse con un par de 'redoxones' disolviéndose en el vaso de agua. O con una cápsula o dosis adecuada de triptófano en vena que liberara en el cerebro una pleamar de serotonina que invadiera y se dejara sentir por todo el sistema nervioso. Y mediante ese baño inducido acabaríamos con los temores y los resquemores, recuperaríamos el apetito más voraz, dormiríamos sin interrupciones de doce y media a ocho menos cuarto, sonreiríamos como los ángeles más bellos con la llegada de la primera luz del día. El orfidal está bien; la (o el) viagra está bien; la morfina está (y estará) mejor que bien. Pero a la serotonina, ay, 'la quiero a morir', como cantaba Francis Cabrel en un precioso español contagiado de francés. Lástima que a día de hoy no dispongamos aún de laboratorios suizos, fórmulas, recetas... que nos permitan ser un poco más felices algunos cuartos de hora al día, algunas tardes por semana. Dos cápsulas de serotonina darían para convertir la mañana de un lunes en un viernes por la tarde, y la tarde de un domingo (¡sin Carrusel Deportivo!) en la noche de un jueves de gloria. No hay duda de que follar es una bendición de Dios o del Diablo, pero ¿quién le pide a Uno o a Otro la licencia para producir serotonina... por un tubo? Por tanto, ¿estamos obligados a ser infelices? ¿El placer, la alegría, la broma, el juego, los 'malos' pensamientos, la mirada del mirón... siguen siendo pecado? Entonces... quizá yo debería clausurar este blog. ¡Ojo! No me costaría lo más mínimo, lo juro. A la menor insinuación lo apago, lo cierro, me desentiendo de ello y... aquí paz y después gloria.