viernes, 17 de enero de 2014

orange

Orange no es dueño del naranja, dice la sentencia del Supremo, y argumenta que los colores son de interés general. ¡Estaría bueno que no lo fueran! ¿Cómo puede pretender una empresa ser propietaria en exclusiva de un color, apoderarse de su dominio? Es algo semejante a esos individuos que registran a su nombre la propiedad de barrios enteros del cosmos, constelaciones alejadas de la Tierra a millones de años luz. No deja de ser un brindis al Sol, o a las supernovas que estén a punto de estallar y fragmentarse como bombas de racimo dentro de una eternidad, un suspiro, en el espacio interestelar azul oscuro casi negro. Por cierto, qué alta maravilla habría de ser asistir en el último momento a una eclosión de esa naturaleza, al desbordamiento de una estrella de color fuego (orange) sobre un fondo de negro charol ilimitado. ¿Dónde hay que firmar para que esa idea empiece a 'coger fuerza'? Y si, por lo que fuere, una visión así de la bóveda celeste no pudiera hacerse realidad, ¿a qué están esperando los laboratorios suizos para sintetizar la fórmula que nos permita esa contemplación deslumbrante, ese milagro previo al último parpadeo? Qué melena de astros cayendo... Qué lluvia de piedras preciosas fundidas... antes de cerrar los ojos. Pero estaba con los colores, con ese color naranja de interés general, que es lo primero que se ve al abrir la puerta de mi casa: un tríptico de 157 x 44 cms. da la bienvenida al visitante con un recibimiento muy energético. Es obra de mi amigo Jesús Capa. La vimos en su estudio de Valladolid, una noche de frío, por Navidad, y nada más verla, dije: 'o mía o de nadie'. Entiendo los colores como paisajes (no sé si del alma o de dónde), como estados de ánimo, que hay tantos y tan diversos como tonalidades cromáticas. Las horas, los minutos, tienen a su disposición todas las referencias del pantone. Ayer mismo -buscando otra cosa- me encontré un texto que escribí hace años para una presentación muy colorista a una marca de relojes. Extraigo algunas frases: "si cada minuto de tu tiempo es diferente al anterior y al que vendrá después, ¿por qué no vas a tener a las 12.42, por ejemplo, una sensación azul cobalto muy intensa? A las 17.14 quizá vivas una experiencia en amarillos van gogh. Sin embargo, a las 19.33 podría pasar por tu cerebro un raudo pensamiento violeta. Y cuando sean exactamente las 21.40, ¿por qué no mantener una conversación en verde aguamarina? ¿Y a las 23.59? En ese instante pudiera ser que apareciera en tu vida alguien que te haga pasar del azul noche al rojo pasión. Incluso es posible que a las 00.00 tu mente se quede en blanco unos segundo y te dé tiempo a soñar un color nuevo, algo nunca visto que aún no tiene nombre." En fin. La propuesta de anuncio a doble página llevaba este titular: "¡No hay color!"