viernes, 3 de febrero de 2017

tiempos convulsos

     Antes de empezar este post siento una especie de hormigueo, como si lo que hoy pueda decir aquí ya lo hubiera escrito hace meses; y digo meses por no remontarme a los tiempos de las ciegas intuiciones, de los augurios. Sin embargo, lejos de estimular mi vanidad, me desagrada no poco esa amarga victoria que consiste en ver cómo se cumplen aquellos temores que yo preferiría atribuir a un pesimismo 'antropológico', quizá congénito, con el que no estoy ni quiero estar de acuerdo. El filósofo Cioran le agradeció a un joven Fernando Savater "sus esfuerzos por ser pesimista." Hace tiempo que yo no soy joven (no del todo, al menos), aunque confieso que cada mañana, en mi caminata diaria, hago intención de ser más templado que fogoso, más aristotélico que platónico, más racionalista que romántico. Y eso está muy bien, pero luego pones el telediario y todo parece confirmar (dulcificado, claro) los pronósticos más agoreros. Sí, da un poco de vértigo lo que está pasando. Cuando una y otra vez la realidad confirma que las cosas son lo que parecen, le entran a uno ganas de hacerse el loco y abrir por las tardes una consulta del tarot o algo así. Había una canción que me viene ahora de perlas: "Eche veinte centavos en la ranura, si quiere ver la vida color de rosa". Es un poema de Raúl González Tuñón, poeta argentino, años 30 del pasado siglo. Por entonces también sucedían cosas tremendas. Pero mejor hablemos de las palabras, que es algo que no compromete demasiado. ¿O sí? Juegos aparte, soy de la opinión de que las palabras lo dicen todo. Tomar la palabra es tomar partido, aunque sea para hablar del tiempo, del mar y de los peces. Cuando uno es voyeur vocacional, eso suele incluir ser auditeur (o sea, mirón de oído) y puede afirmar: 'dime cómo hablas y te diré cómo piensas'; pero también, 'dime cuándo callas y te diré lo que ocultas'. Vivimos tiempos convulsos, días que están conmocionando al mundo -como los que precedieron a la caída del Muro de Berlín, aquel 9 de noviembre del 89, pero a la inversa- y sin embargo hay silencios atronadores, como si no pasara nada, como si nada estuviera sucediendo. Me inquietan. Luego vienen las lamentaciones. Pero ahora ya no cabe alegar ignorancia. La CNN tenía un eslogan en los años 90: "está pasando, lo estás viendo."