viernes, 10 de febrero de 2017

quiéreteme

      "Se habla de la esperanza/últimamente", escribió Ángel Gónzalez. Pero no es 'esperanza' la palabra de moda, ni siquiera lo son 'posverdad', 'populismo' o 'youtuber'. No. La palabra más de actualidad es 'odio'. Aparece muy a menudo en estos días, tanto pronunciada como escrita. Y no deja de resultar inquietante encontrársela uno, oírla con su acerada sonoridad de martillazo. Como sabemos, el odio aparece en algunos tangos y en buena parte de las obras de Shakespeare; quizá por eso para mí siempre ha sido una categoría del teatro, de la ópera, del melodrama, algo que solo estalla en algunas escenas del mejor cine negro, en el silencio intransitable de ciertos párrafos de Onetti, en el exceso pasional de algún bolero malherido: "te odio tanto/que yo mismo me espanto/de mi forma de odiar." Pero ese veneno elevado a categoría estética tiene su grandeza dramática, y no es comparable con el que aparece en las redes sociales al amparo del anonimato, o el que destilan ciertos individuos, casi siempre anacrónicos, en algunos programas o tertulias. Rara vez les presto atención o me dejo enfadar por sus miserias -soy hedonista, ya se sabe-, mas no puedo evitar en algún caso un cierto sentimiento de lástima, de conmiseración. Sufre quien odia, no lo olvidemos. Y cuando esa ferocidad del sentir dura lo que un bolero, una película, una noche de mala entraña, pues pase; ahora bien, cuando se convierte en actitud, en una disposición del ánimo, entonces apaga y vámonos. Por un golpe de odio se puede cometer una barrabasada, algo que ocurre entre dos copas de más o en unos segundos de furia y ceguera. Bien, de acuerdo, y quien la hace la paga; pero el odio continuo, de por vida... Eso es solo para los muy atormentados, los que eligen la condenación, el perpetuo dolor. No sé, creo que los que se instalan en ese malquerer, malquererse, llevan, como se suele decir, en el pecado la penitencia. A mí todo ese odio que circula impunemente por las redes me repugna, claro está, pero he intentado ponerme alguna vez en el lugar de quienes odian de ese modo, más que nada por tratar de entender algo acerca de ese mundo yermo, sin otro consuelo que el propio odio, que debe ser algo así como el amor propio, pero a la inversa. Qué locura.Y qué pérdida de tiempo y de energía. La semana pasada leí casualmente estas sabias palabras de Stendhal: "lector, no desperdicies la vida en odiar y tener miedo." En fin. Es verdad que no se habla de la esperanza últimamente, pero hay que admitir que a veces la publicidad nos da la solución sin pretenderlo. Pues bien, los creativos de la campaña de rebajas de El Corte Inglés han dado con ella: quiéreteme. Nadie lo había dicho así. Enhorabuena, compañeros. ¡No sabéis cómo os odio!

Voz: Ángel González. Pedro Guerra - Habanera - YouTube