viernes, 20 de enero de 2017

algo para recordar

     Hace unos minutos he ido a la cocina, pero al llegar no recordaba el motivo que me había llevado hasta allí. He tratado de retroceder paso a paso con la tonta idea de que así se esfumaría el lapsus. No lo he conseguido, pero a cambio me he acordado de Memento, esa película de culto de Christopher Nolan. Cuenta una historia conocida: un hombre pierde la memoria reciente a causa de un fuerte impacto en la cabeza; a partir de ese instante olvida todo lo que ve, oye o le sucede al poco de producirse, a los tres minutos. Para sobrevivir a esa amnesia, el protagonista recurre a las fotos instantáneas y a las palabras o números que se hace tatuar en la piel. Por lo demás, la narración avanza hacia atrás, de manera que primero vemos las consecuencias de los hechos y después las causas. De acuerdo en que es un artefacto sofisticado, pero también es cierto que funciona como un reloj... cuyas agujas avanzaran al revés. Supongo que todos nos lo hemos preguntado: ¿se puede vivir sin la memoria reciente, olvidando a los pocos minutos cuanto nos sucede? Necesitaríamos tener siempre a alguien -una mujer, un hombre, una máquina- que nos recordara aquello que acabábamos de olvidar, para de ese modo poder entender lo que nos estaba sucediendo en ese instante, en ese nuevo lapso, que se desvanecería poco después... y así sucesivamente. Es una locura. La vida dejaría de ser una novela-río de miles de páginas para convertirse en una sucesión de microrrelatos, de experiencias que se escribirían una sobre otra, como en un constante palimpsesto. Tres minutos, esa sería la unidad. Tres minutos es lo que dura o duraba una canción cuando bailábamos. Pero lo mejor de aquellos bailes juveniles era precisamente la continuidad del tacto en las mejillas, el calor transferido de los cuerpos cuando la canción se fundía con la siguiente sin interrumpir el abrazo, el balanceo. ¿Cómo renunciar a ese continuo? Al contrario de la agobiante desmemoria de Memento, hay canciones que nos llevan a recordar cosas no vividas, que nos evocan recuerdos que nunca sucedieron. Son un regalo impagable: añaden vida a la vida. Es el caso de esta The Wheel of Fortune que ahora escucho deliberadamente. Pertenece a una época -1952- y a un estilo que no me corresponden en modo alguno, una canción que nunca he bailado ni sonó nunca en mi vida hasta hace unos pocos años, y sin embargo..., no sé cómo decir, esa canción hace míos los recuerdos, las emociones de otros. Supongo que es algo que nos pasa a todos alguna vez. Hay una frase conmovedora que el protagonista de Memento pronuncia ante los recuerdos destruidos de su mujer: "no me acuerdo de olvidarte." Existe una palabra hermosa contraria al olvido: 'memorabilia'. Me quedo con esta definición: "es el registro de las cosas que vale la pena recordar."
Kay Starr - The Wheel Of Fortune 1952 - YouTube