viernes, 6 de mayo de 2016

lo hago por vicio

     Cuando yo era creativo de publicidad sentía una secreta excitación ante desafíos en los que había que intentar la cuadratura del círculo y sorprender a todos sacando un conejo de la chistera, aunque, como es sabido, la auténtica sorpresa está en sacar una chistera del conejo. Pues bien, mira por dónde, ahora me veo en la situación de tener que inventarme un post en el que justificar algo difícilmente justificable. A saber: la pérdida de la virginidad, o sea de la blancura, del espacio incontaminado y libre de toda sospecha comercial que hasta hace nada ha lucido este blog desde el día de su aparición, en enero de 2013. Y sin embargo, ahora, 160 entradas después, ya lo estáis viendo: he pasado de hacerlo por placer a hacerlo también por dinero. Aunque, dadas las tarifas publicitarias, difícilmente pasaré de 0'001 € por cada nueva visita. Pero eso es lo de menos, lo que cuenta es que me he vendido al Capital, a los anunciantes. ¿Por qué lo has hecho, corazón mercenario? La respuesta es muy sencilla. Lo hago por saber qué se siente al ejercer el oficio más antiguo del mundo. Lo hago por tirarme al barro, y que mi alma bloguera pueda decir, como sor Juana Inés de la Cruz, aquello de Yo, la peor de todas. En otras palabras: lo hago por vicio. Así pues, entregado sin recato a la mercadotecnia, hablemos de pasta, de 'monetarización', a ver si nos entendemos, y de paso nos forramos. ¿De cuántos clics dispones tú, lector, lectriz? Multiplícalos por diez o veinte amistades a las que sugerir un mero cliqueo en el anuncio que a nada compromete. Luego sumamos y restamos, dividimos entre los que somos, calculamos gastos e ingresos, echamos cuentas, y con lo que quede, si es que algo queda, la próxima vez que nos veamos nos tomamos un vermú y unas aceitunas. La operación es de alto riesgo, lo sé, pero ¿quién dijo miedo? Vivimos tiempos de emprendedores capaces de ingenierías financieras que cortan la respiración. La aventura, el riesgo, las emociones fuertes estimulan y rejuvenecen casi tanto como las fantasías más inconfesables y los amores clandestinos.Treinta segundos a 220 kms por hora es un puro vértigo sostenido que descarga tanta adrenalina en el cerebro como cuando suena la primera llamada de teléfono y una voz susurrante reclama tus servicios. O como cuando aparece el primer anuncio en tu blog y alguien hace clic en él. No sé, quizá debería anunciarme -anunciar a este mirón- en las páginas de Relax. Pero esa es otra historia. Hoy solo quiero dar la bienvenida a los anunciantes. Y a quienes hagáis un guiño en el anuncio, que Dios os lo pague, en sueños, con una buena novia o con un amante bandido.