viernes, 6 de noviembre de 2015

esto es Matrix

      Llevo publicadas 133 'confesiones' en este blog; apenas he dedicado tres a la política. Ante quienes me acusen de diletante y hedonista, o sea de deleitarme sólo con las bellas artes y los placeres de este mundo, tendría que defenderme alegando que a diario leo, escucho y hablo de cuestiones políticas. Bien es verdad que al cabo de un rato la querencia me lleva a otros asuntos. Y de ahí voy pasando al cine, la moda, el glamour... Uno empieza, o quisiera empezar, en Le Monde Diplomatique y acaba sin remedio en Vanity Fair, que es fascinante, por cierto. A lo que iba: la política me atrae sobre todo cuando se acerca temerariamente a la ficción. Pondré un ejemplo. ¿Por qué me asombra nuestro presidente Rajoy? No por sus logros invisibles, ni por sus méritos supuestos o atribuidos, pero sí por su proximidad con Bioy Casares, el autor de La invención de MorelVeamos. Allí, en la isla donde transcurre la acción, tiene lugar un extraño fenómeno de realidad ilusoria que el protagonista observa en secreto, incluso interactúa con ella. Pues bien, aquí ocurre casi otro tanto: hay una realidad imaginaria que suplanta a la realidad de los hechos vividos. Los generadores de apariencias trabajan a pleno rendimiento, y han alcanzado tal perfección que son capaces de crear y mantener vivas unas ilusiones ópticas asombrosas, hasta el punto de que la simulación generada parece más real incluso que la otra, la cruda realidad. Se queda uno pasmado viendo visiones, sí, comprobando que ante sus propios ojos se ha desvanecido, pongamos por caso, el edificio de la Telefónica, incluso toda la Gran Vía, y en su lugar aparece una especie de 'Marina Dor, ciudad de vacaciones'. ¡Oh! ¡Cómo es posible!, exclamamos. Pero los magos nunca desvelan sus secretos. Si bien es cierto que las ganas de creer en los prodigios consiguen maravillas. Vale, eso es así, y hay que admitirlo, pero que nadie le quite méritos a los aparatos de sugestión, a los potentes generadores de hologramas en tres dimensiones, realidades virtuales, mundos paralelos. Y ello sucede, en gran medida, porque hay unanimidad en los comunicados oficiales reproducidos ad infinitum por todos los medios: al fin hemos salido triunfantes (o estamos saliendo) de la maldita crisis, del infierno en el que nos hallábamos, y ahora tenemos delante un cielo azul y un aire limpio donde hacer volar las cometas y la imaginación. Aunque queda algún pequeño detalle que no acaba de encajar en la nueva realidad. Resulta que -dejando aparte lo sucedido en Sanidad, Educación, Cultura, Investigación y otros estragos- cuando nuestro Mariano Morel tomó posesión -"hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro"- había 17.200.000 afiliados a la Seguridad Social. Tras estos años, tenemos el mismo número de trabajadores inscritos, aunque con medio millón menos de contratos indefinidos y más de dos millones de parados que no reciben prestación alguna. ¿Entonces? ¿Dónde está el milagro? ¡Aaaah, descreídos! Poned el Telediario de las tres y veréis. Bienvenidos a Matrix.