viernes, 13 de febrero de 2015

¿cuántos amores caben en una vida?

     Ya sé que esa pregunta es semejante a la de los escolásticos acerca de los ángeles que caben en la punta de un alfiler. Recientemente, en la presentación de su último libro, Gustavo Martín Garzo citaba una vez más Las mil y una noches: "toda la verdad no cabe en un solo sueño." No hay duda de que eso es cierto, y también lo es que hay amores más grandes que la propia vida. ¿Quién no ha sufrido alguno de esos amores excesivos que todo lo desbordan como una pesadilla recurrente? Por supuesto que nadie le disputa el trono al gran amor; sin embargo, el amor grande es generoso y arbitrario, como un dios, y consiente los pequeños amores de entretiempo. Vuelve uno a casa al final día y en un paso de cebra se produce algo imprevisto que le quita el sueño. ¿Para qué dormir pudiendo soñar? Entre el verde y el rojo, el ámbar está siempre dispuesto a acoger algún secreto improbable que se quede a vivir entre dos parpadeos. Por ejemplo, una mirada en el metro desde el asiento de enfrente; una llamada telefónica que se produce por error o por sorpresa; una desconocida que se hace tu amiga íntima en el facebook; la invitación a un evento donde conoces a alguien; un día tonto a cualquier hora, en cualquier sitio; una fisioterapeuta que te descontractura el alma; esa copa de más que te lleva a decirle a la camarera: 'una mirada tuya bastaría para sanarme'. Dicho de otro modo: si acudiéramos a todas las posibles historias o episodios amorosos, ¿cuántos días y noches de más necesitaríamos cada semana? ¿Cuántos complejos vitamínicos, ginseng y jalea real, por no decir viagra, levitra o cialis? Si nos dejáramos llevar, podríamos vivir ocho o diez amores al mismo tiempo, y perder así la cabeza definitivamente. En ese sentido, bastaría con repasar nuestra lista de 'contactos' en el móvil para hacer un cálculo de posibles relatos (o microrrelatos) amorosos. Ese sería un magnífico experimento para una investigación acerca de la naturaleza humana y sus límites. No sé. Me faltan conocimientos y experiencia, pero puede que fuese más fácil simultanear siete amantes que dos. Porque con dos amores a la vez te vuelves esquizoide, sí, pero a partir de tres... ya es pura filantropía. Siempre he tenido la duda -aunque yo sea un monógamo irreductible- acerca de si la poligamia y la poliandria deberían subvencionarse, al igual que la creación de empleo o el apoyo a la biodiversidad. Recuerdo ahora un eslogan que escuché en un documental sobre Berlín: "la ciudad con más museos que días de lluvia." Pues bien, aprovechando el Pisuerga, ¿cuántos amores surgen a lo ancho de una tarde de lluvia en la gran ciudad? Si ello pudiera visualizarse mediante rayos láser que se encienden y entrecruzan, veríamos un gran espectáculo de luz y color. Horas después, ya de madrugada, se haría el silencio en la oscuridad. Pero siempre quedarían las luces de los insomnes, los amores de guardia, los after hours... La ciudad nunca duerme.