viernes, 5 de diciembre de 2014

la casa

     Nunca me cansaré de decirlo: qué importante es una buena calefacción. La famosa frase pronunciada por Escarlata O'Hara puño en alto -"¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!"- debería ir siempre acompañada en nuestra conciencia de un 'nunca permitiré que el frío entre mi casa'. Y quien dice 'mi casa' está diciendo 'mi vida'. De qué distinta manera se afronta el porvenir cuando contamos con una casa no necesariamente grande ni lujosa pero sí acogedora y con buena calefacción. El bienestar es una conquista irrenunciable, y también un derecho de todos. Ya sé que estoy al borde mismo de la demagogia, pero no puedo negar que cada vez que oigo la palabra 'desahucio' siento algo semejante a un escalofrío. Pienso que todo el mundo tiene el derecho y el deber de protegerse del invierno, de los inviernos venideros, que cada vez serán más crudos, me temo. ¡Pero se siente uno tan bien acogido por la calefacción de esta casa! A partir de ahí se va creando el espacio de confort. Es sencillo. Consta de algunos elementos básicos que no encarecen demasiado la factura a fin de mes: una buena luz natural a cualquier hora; algunas lámparas no estridentes y bien distribuidas para crear una atmósfera favorable a la conversación de sobremesa, tras la cena, pero también al silencio de la lectura o a la música de Bach, de Satie, de Bill Evans. Tampoco han de faltar los lugares idóneos donde las plantas y las flores puedan aspirar la luz y sentirse a gusto. No hace falta insistir en la importancia del triángulo amoroso formado por libros-discos-películas. De ello se desprende la conveniencia de que el salón de la casa no solo sea silencioso sino que acoja un silencio de calidad donde los pensamientos y los deseos discurran sin obstáculos ni interrupciones. Y algo fundamental: una cama amplia y bien vestida con sábanas y almohadas a gusto del usuario, siempre orientada a favor de los sueños -ya sean estos confesables o no- y sobre un colchón firme de altas prestaciones con el que te lleves bien desde el primer día o noche. Se trata de que tu cama sea realmente, como decía el anuncio, "el lugar más importante del mundo". En definitiva, una cama que invite a las visitas a probarla; y que quien la pruebe se quede con ganas de volver. El color de las paredes, los cuadros que cuelgan en ellas, las fotos enmarcadas, las cortinas, los estores, las gruesas y mullidas toallas, las botellas de buen tinto joven o crianza... Todo eso habla más de nosotros que el propio currículum o que la declaración de la renta de los cinco últimos años. La casa de cada uno deber ser y estar siempre como para recibir a la mujer de nuestros sueños o al hombre de los tuyos. Es preciso pues pasar la mopa cada mañana, queridos, y tener la casa ventilada y en orden, por si a Marion o a Charlize o a Carmen o a Jennifer Connelly se les ocurre llamar a nuestra puerta. Porque, como dice La Biblia, "no está escrito el día ni la hora" en que ella pueda aparecer con toda su luz y la musicalidad de sus andares avanzando por el pasillo de tu casa...