viernes, 11 de julio de 2014

mientras suena almost blue

     "El peso de la responsabilidad empieza en el momento de medir las palabras", así concluye Muñoz Molina un artículo reciente sobre un libro de Tony Judt. Se refiere a la responsabilidad del intelectual a la hora de pronunciarse. Yo no soy ningún intelectual, pero estoy de acuerdo en que eso es así: medir las palabras antes de escribirlas. Creo que esa afirmación tiene vigencia más allá del ámbito al que alude en su artículo el marido de Elvira Lindo. Así las cosas, cada mañana empezaría de otro modo, cada minuto sería muy distinto si en lugar de una preposición eligiéramos otra en la primera frase que decimos o enviamos por e-mail. De emplear un adverbio a emplear otro, cambia el curso de los acontecimientos, desencadena otra secuencia de acciones y reacciones. Con solo alterar la persona y el tiempo verbal en el momento preciso, podríamos poner en marcha una larga amistad o una declaración de guerra. El hecho arbitrario de pasar del pretérito imperfecto al presente de subjuntivo puede traernos todo un verano ocioso hasta bien cumplida la vendimia, desencadenar un novelón de 900 páginas, hacer posible un cambio de régimen... o de orden de magnitud. Si un adjetivo permuta con otro su posición en un párrafo, ello puede dar lugar a una catástrofe o a un orgasmo tan cegador como no se recuerda desde las escenas más ardorosas de El amante de Lady Chatterley. Hay que tener mucho cuidado, pues, con las palabras que elegimos y con el orden en que las pronunciamos. El Quijote se escribió tal cual de puro milagro: había una posibilidad entre un millón, pero lo cierto es que salió esa y no el resto. Con Blue Moon pasa tres cuartos de lo mismo: una nota de más, o a destiempo, hubiera arruinado esa canción que, lejos de envejecer, crea pactos indelebles ente quienes la bailan o la escuchan, antes o después del amor. Y así ocurre con todo cada día: una frase de menos o dos que sobran, una metáfora extemporánea, una sintaxis confusa... y al carajo todo lo bueno que estuvo a un tris de suceder. Cómo cambia el mundo en solo un parpadeo. La destrucción o el amor es probablemente la obra capital de Vicente Aleixandre. Pero qué diferencia en su significado si esa "o" del título se interpreta como disyuntiva o como identificativa (claro que no hace falta ser un lince para inclinarse por la segunda opción: la destrucción = el amor). Bien. A lo que estamos: medir las palabras es calcular los pasos, elegir los objetivos, marcar el punto de vista, seleccionar el tempo y la velocidad, pulsar la tecla exacta, no parpadear hasta que el viaje de la flecha haya concluido. A todo esto, está sonando por segunda, puede que por tercera vez el Almost blue de Chet Baker. Veo que le quedan noventa segundos. Tengo pues minuto y medio para elegir bien las palabras finales. Yo diría que... verano, lentitud, brisa, visillos en vaivén; Venus saliendo de las aguas, espuma salada, fruta madura, dulce carne de membrillo; ensoñación, miel en los labios, libélulas en la memoria, estrellas fugaces, algo... casi azul.
 Chet Baker - Almost blue - YouTube