viernes, 20 de diciembre de 2013

se puede vivir en canciones (2)

(En el capítulo anterior...) Habíamos dejado a Miguel Poveda estremeciéndonos en la madrugada: "Yo muchas veces sentía, /cercano ya el día, / tus pasos en la casa." Pero ha pasado una semana y en ese tiempo, como en la canción de Jorge Drexler, Todo se transforma, y como una cosa lleva a otra, resulta que "a Frida [Kahlo] le duele la vida, y aprendiendo de su herida llena todo de color", según nos cuenta y canta Pedro Guerra en El elefante y la paloma. Y de ahí, una vez más, a otra paloma herida que solo volaba de noche: se llamaba Eleanora Fagan, pero con unas copas, un desamor reciente y algunos cigarrillos se convertía en Billie Holiday; nadie ha cantado ni cantará como ella Moonlight in Vermont. Y del pequeño y culto estado de la Costa Este (donde mi buen Paco Layna imparte cursos de verano), nos vamos con Sting a una rara canción que invita a bailar a la luz de la hoguera en los palmerales de Túnez o Arabia: Desert Rose. Sí, es un hecho probado que hay canciones para cada día y hora, pero la pregunta es: ¿qué día y a qué hora no queremos que Rod Stewart nos hable de ello con su imprescindible  I dont want to talk about it? Uno puede escuchar impunemente a cualquier hora de la tarde o noche el superbailable y algo almibarado Tell it like it is de Aaron Neville, que yo visito y bailo alguna noche al año, si ella me lo admite. Y si la cosa viene bien dada, propongo renovar las copas y pinchar Lía (versión Ana Belén); es entonce cuando surge la pregunta: "¿cuánto amor nos cabe de una sola vez?" Para las tardes grises o lluviosas de echar a alguien de menos, siempre viene bien esa guitarra y ese sonido pinkfloyd de Wish you were here. Pero también es cierto que hay noches en que no solo de dulces baladas vive en hombre, y es entonces cuando apetecen los alcoholes fuertes y los garitos duros, y en esos casos no hay nada como la voz canalla y raspada de Bambino cantando por rumbas Soy lo prohibido. Aunque tampoco vendría mal, ya muy a última hora, justo antes de ponerse uno el abrigo y marcharse a ninguna parte, el If a have to go de Tom Waits. Después de eso vendrán días difíciles, acaso terribles días de mucha soledad y silencio solo roto por una canción que resuena en la memoria: En estos días "los mares se han torcido con no poco dolor hacia tus costas..." Pero el propio Silvio Rodríguez nos dará la respuesta con una pregunta en otra canción: "¿Adónde va la sorpresa casi cotidiana del atardecer, / adónde va el mantel de la mesa, / el café de ayer?" Luego llega Sabina entre Dieguitos y Mafaldas y le cede el escenario del Gran Rex a Calamaro, que por alguna razón dice querer tener Algo contigo, querida Luz Casal, y entrar quizá en esa canción tuya que a veces me visita: Lo eres todo. Aunque para esos días, esas tardes de invierno en que uno se queda solo en casa, nada mejor que un buen combinado de Madelaine Peyroux, Norah Jones  y Melody Gardot. Y ya, para rematar la botella, a falta de láudano o adormidera, dejar correr las 24 canciones del álbum The complete original, de Chet Baker. Y así se va dejando uno llevar por el azul y acaba viajando allá "donde nos llevó la imaginación...." a El sitio de mi recreo. Vaya nochecita. Todo empezó con Miguel Poveda cantando de madrugada A ciegas, y todo va a acabar con El pequeño reloj de Morente (pero en la versión grande y definitiva, la que despliega Enrique en su último disco, ya al final): "He aquí otra manera de medir, / y gira y gira el llanto sin cesar, / como el rosario como la noria / como el mundo como la espiral / del mecanismo perfecto y / perpetuo de un reloj..." Y a partir de ahí todo es noche y océano y descomunal belleza que duele y mata y resucita con cada ola amarga de ese pequeño artefacto... Punto y aparte. ¿Y para esta noche de viernes? Bueno, esa es otra:  para esta noche tenemos Tonight, de Elton John.