viernes, 3 de julio de 2015

pero si un mirar me hiere al pasar

      Al leer ese título prestado, quizá no todos hayan advertido su procedencia, aunque si lo ponemos en su contexto, raro será que alguien no lo tararee: "Cuántos desengaños, por una cabeza, / yo juré mil veces no vuelvo a insistir, / pero si un mirar me hiere al pasar..." Sí, pertenece a ese tango eterno de Gardel, cuya letra, como tantas otras, escribió Alfredo Le Pera (ambos murieron en el mismo accidente aéreo, en Medellín, aquel 24 de junio, hace ahora 80 años), uno de los mejores letristas de siempre. Qué difícil ese oficio, y cuántos grandes poetas han fracasado en el intento. El propio Le Pera tiene poemas que no llegan ni de lejos, creo yo, a las letras de sus tangos. Es el mismo que escribió aquel verso inmenso, quizá el más evocador que yo conozca: "Era, para mí, la vida entera." Aunque también escribió mentiras insuperables como "que veinte años no es nada". O aquella estrofa, que ya hubiera querido para sí Petrarca: "El día que me quieras / la rosa que engalana / se vestirá de fiesta / con su mejor color. / Y al viento las campanas / dirán que ya eres mía / y locas las fontanas / se contarán su amor." Quizá este post debería acabar aquí, ¿pero cómo dejar fuera aquel verso de Armando Manzanero, cuando, tras ver llover toda una tarde en ausencia de la amada, afirma o grita: "¡al mar oí cantar!" Qué no hubiera dado Rubén Darío por esas cinco sílabas con esa tilde en medio. Hay que reconocer que cuando un letrista acierta de pleno... es la envidia de todos los poetas. Y qué añadir a aquel verso de una rara canción, cuando después de habérselo perdonado todo a esa mujer, exclama: "¡Lo que no te perdono / es haberme besado con tanta alevosía!" Ya sé que dicho así, parece rencoroso, pero a continuación remata, a propósito de ese beso imperdonable: "Tengo testigos: un perro, la madrugada, el frío, / y eso sí que no te lo perdono, / pues, si te lo perdono, / seguro que lo olvido." Quizá ese beso alevoso del que se queja Silvio Rodríguez fue "un beso de esos que valen por toda la química de la farmacia" (escribe Javier Laguna, canta Zenet).Y ya puestos, qué decir de José Alfredo Jiménez cuando: "yo me volví a meter entre tus brazos, / tú me querías decir no sé qué cosas, / pero callé tu boca con mis besos / y así pasaron muchas / muchas horas." Y en esas horas de José Alfredo cabe la noche entera con todas las estrellas, la risa loca, el vértigo, el desconsuelo que vendrá después. Nuestro Rafael de León constituye por sí solo un cancionero completo que va de la copla al kitsch, pero también: "...y yo estoy muerto /como una triste rosa seca en la basura, /como una jarra de agua de taberna /que a nadie apeteciera su frescura." Habría que volver al verso de Le Pera que dejé en suspenso: "pero si un mirar me hiere al pasar..." Letraheridos estamos.